Docentes de Almería premiados con la Bandera de Andalucía. Burrocracia al poder

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¿Se trata de enseñar o de demostrar a cada paso que se está trabajando? Últimamente se ha instalado un halo de desconfianza en torno a la figura del docente. De no ser así, es imposible entender la cantidad de papeleo e informes que hay que cumplimentar sobre nuestra actividad, con destino a una estación llamada olvido.

Vivimos la fiebre por la trazabilidad de la actividad del docente, y como herramienta de medida, los informes, papeles y actas: haces lo que digan que has hecho tus papeles; cuantos más papeles, más haces… pero, ¿cuándo nos preparamos las clases?, ¿cuándo actualizamos los contenidos?

Esa es la triste situación. Papeles y muchas horas de trabajo que no generan ningún valor al alumnado. Valor, añorada palabra que ha quedado relegada a la cola de una interminable burrocracia.

La enseñanza, hoy en día, está en manos de políticos que la miden al peso de los papeles. Como diría el vocero: “ponga un informe en su vida…”, aunque la adaptación correcta sería, “ponga su informe en Senéca”.

Y la calidad de la enseñanza, ¿qué?, ¿para cuándo?. Es muy triste comprobar cómo los docentes nos debemos a un puñado de burócratas que desconocen el significado del concepto enseñanza-aprendizaje.

Cuando algo tan importante como la educación se deja en manos de personas que no ponen al alumnado en el centro, ni consideran al docente transmisor del conocimiento y saber hacer, llegamos a lo que hoy en día estamos viviendo: la idiotez invade la vida de los centros educativos.

¡Basta ya! Somos docentes, no administrativos…

Desde FASE CGT seguimos denunciando a la administración educativa, que poco o nada mira por el profesorado. De nada nos sirven los aplausos y premios (Bandera de Andalucía por los méritos en la pandemia), cuando la educación pública se desangra poco a poco y sin solución. En silencio.

Los excesos burocráticos, la falta de recursos personales y materiales, la pérdida de unidades públicas a favor de las enseñanzas privadas y concertadas (no “es un mantra”, señora Bosquet), el desinterés por quienes más lo necesitan justificado en la falta de presupuestos… nos llevan al hastío.

Agotados y agotadas miramos el futuro con la preocupación y desconfianza de que lleguen mejores tiempos en los que la educación pase al primer plano de las preocupaciones de los gobiernos de turno.

Seguimos en lucha.

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