Radicalismo radicales en libros de texto

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Suele utilizarse la palabra radical o radicalismo con intención peyorativas, descalificadora. Así cuando se hacen determinadas propuestas que pretenden solucionar problemas de cualquier tipo, si no gozan de la “simpatía” de quien debe atenderlas se tachan simplemente de “radicales”. En un intento de asociarlas a inviables: por extremistas, por no estar centradas en el asunto, por no contemplar las distintas perspectivas…etc.

La fácil descalificación genera mayor escándalo cuando se plasma en libros de texto que contienen lecturas que están dirigidas a formar las jóvenes mentes del alumnado. Precisamente la falta de control sobre el contenido de los libros de texto genera una gran preocupación entre familias y profesorado, ya que a través de ellos, el alumnado puede recibir una información errónea en el mejor de los casos o malintencionadamente manipulada en el peor. Conviértese entonces la enseñanza en adoctrinamiento. Fenómeno peligroso en extremo porque de eso viven los integrismos de cualquier género. Sancionar con que “esto es así y punto”, sin matices, sin reflejar la existencia de posiciones, al menos divergentes, es mostrar un universo cerrado, totalitario, a la juventud que se está preparando para asumir su inaplazable responsabilidad social.

Un botón de muestra es el caso de lo publicado por una editorial conocida de libros de texto al reflejar afirmaciones más que tendenciosas sobre el feminismo, además de calificarlo de radical, como si el ir a la raíz de los problemas fuese un tipo de delito. Porque eso y nada más que eso es ser radical. Enfocar la solución de un problema analizando la raíz del mismo, las causas primigenias que lo provocan. Más que un reproche sería el mayor de los elogios tildar una propuesta de “radical” ya que no hay solución posible de un problema si no se aborda desde la raíz del mismo. Se pretenderá haber mejorado algo, pero en ocasiones, precisamente por no ser radicales, son peores los remedios que las enfermedades.

Se impone una supervisión de cada uno de los textos escolares, al objeto de que las editoriales esmeren la suya propia y no permitan la distorsión de la realidad a fuerza de inocular, posiblemente sin pretenderlo, en la mente infantil o juvenil el “pensamiento único”.

Fdo Rafael Fenoy Rico