Insuficiencia de las oposiciones. Clarividencias de mediados del XVIII

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Mucho se está hablando de las oposiciones. Estos últimos días tres ejemplos dan pie al comentario. Para 4000 plazas en Correos, se presentan 160 mil personas, para el MIR (Médico Interno Residente) se convocan 7512 plazas presentándose 14579 licenciados en medicina. En la Enseñanza se convocan 6326, repartidas en 112 especialidades, y se esperan cifras de opositores entre 30 y 40 mil personas.

También es de interés conocer que el “27% de los jóvenes bachillerato quiere estudiar una oposición para ser funcionario”, según un estudio realizado a 17000 estudiantes en el Salón de Orientación Universitaria UNITOUR 2018-2019. Dato que coincide con un informe en Aragón donde el” 35,37% de los jóvenes quiere ser funcionario como mejor opción para su futuro laboral”.  Teniendo en consideración que desde los 16 hasta los 29 años todas las personas entrarían en la categoría joven, en España, según el último dato aportado por el INE el total sería de 6575000. Muchos millones para hacerse funcionarios. Porque lo cierto y verdad es que todos los puestos de trabajo están ocupados por personal más que idóneo. ¿A qué viene cambiar unas personas por otras?  Mejor quedarse con quienes demuestran día a día su competencia profesional, que aventurarse a exámenes (azarosos).

Este tema viene de lejos sobre todo en la docencia, porque ya desde el S. XVIII Daldiri Rexach en su obra Instructions per la ensegnança de mignos decía, a propósito de la insuficiencia de las oposiciones, lo siguiente:

En las ciudades en que el magisterio se alcanza por concurso y oposición deberían los padres de la república disponer que todos los pretendientes presentasen un mes antes del día del acto literal una fe de vida auténtica y de sus costumbres y de la ciencia y del cumplimiento exacto que han dado en todas partes, en que han enseñado, porque del acto sólo que hacen los pretendientes en el día del concurso no pueden  los padres de la república formar un buen juicio de la mayor o menor idoneidad de los opositores, porque  primeramente, no siempre el que hace un mejor examen es el que sabe más, y en segundo lugar, porque para la carrera de enseñar se requieren otras cualidades que son más o tan necesarias, como la ciencia, como son prudencia, paciencia, modestia, aplicación , templanza, sobriedad, castidad«.

Más claro agua y por ello llama la atención la tozuda insistencia en malgastar la experiencia acumulada por la interinidad después de años de trabajo. Y que estos en educación entraron por la puerta grande: con transparencia, mérito y publicidad.

   Fdo. Rafael Fenoy Rico