El instituto interminable de Alcalá de Guadaíra

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Érase que se era un pueblo que no tenía espacio para albergar a todos sus estudiantes. Las familias de todos los colegios e institutos de esa localidad se unieron y se organizaron (sí, no es una fantasía: ocurrió). Hicieron un estudio con los datos detallados de la progresión que habría en los años sucesivos y se la entregaron a la responsable de Educación de Sevilla, que —por supuesto— era sabedora de esos datos y se había negado a suministrarlos para no tener que afrontar una realidad conocida desde tiempo atrás en la famosa tierra del pan y en la Delegación y la Consejería de Educación. La imposibilidad para asumir tanto alumnado por parte de los 5 institutos existentes en la población —ya abarrotados y con falta manifiesta de espacios— y la decisión firme de las familias para no conformarse con excusas, provocaron que la delegada (visiblemente incómoda cada vez que visitaba ese pueblo de su mismo signo político) moviera ficha. La “solución” que dio fue cuestionada por la comunidad educativa en su conjunto (familia, personal de los centros, sindicatos como el nuestro). El alumnado se ubicaría en la antigua guardería El Madroño, como sección del IES Alguadaira (denominada SESO hasta hace un año). Se trataba de un espacio inapropiado para alumnado de otra edad, con aulas, baños y patio que no estaban adaptados ni sitio para Educación Física. Además, el profesorado tenía que ir de un centro a otro (instituto y sección), con los inconvenientes añadidos. El primer año entraron quienes habían terminado 6º en Los Cercadillos; el segundo año, se incorporaron quienes acabaron Primaria en el Antonio Rodríguez Almodóvar. Las promesas de la delegada se las llevó el viento: el instituto no llegaba y el alumnado tuvo que permanecer en su colegio de origen, pasando así a tener un instituto con nombre propio, pero roto en tres sedes.

El IES Hienipa debería estar terminado este mes de octubre. Sin embargo, dos paralizaciones lo han impedido; la última, por falta de liquidez a causa de la subida de los precios de materiales, a pesar de un aumento el pasado verano de 600000 euros en la dotación. A la empresa no le cuadra el presupuesto original con los costes y los beneficios. Si esta se retira, habría que empezar nuevamente con un periodo para que se presenten otras, se adjudique, se licite, se libere una partida presupuestaria… Meses, en el mejor de los casos. Recordemos, por ejemplo, que en el IES Albero ha tardado más de un año en concluir la obra desde que se paralizó, y era de una envergadura muchísimo menor.

Este curso, 550 alumnos se reparten entre una guardería (con sus caracolas incluidas) y los colegios Los Cercadillos y Antonio Rodríguez Almodóvar. Ese número va a crecer, puesto que aún no han llegado a 2º de Bachillerato los procedentes de Los Cercadillos ni los del Antonio Rodríguez Almodóvar, que lo harían, respectivamente, el curso 2023/24 y el 2024/25.

Por si fuera poco, 40 minutos es lo que se tarda para ir de uno a otros centros. Solo se puede hacer Educación Física entre las 8 y las 9 —hora en que empiezan a usar el patio los menores de Primaria—; si llueve, mala suerte. Eso en los colegios, porque en la guardería no existe posibilidad de hacer Educación Física. El patio se comparte entre mayores y menores. El alumnado de ESO y Bachillerato usa un mobiliario de Infantil y Primaria. Las clases de Oratoria y Debate se dan en el comedor, coincidiendo, a menudo, con niños de tres años, con las lógicas y frecuentes interrupciones.

Aún falta parte del exterior y del interior del futuro edificio. En condiciones normales, serían tres o cuatro meses. Pero las condiciones son todo menos normales. Tal vez para cuando esté acabado, haya bajado el número de estudiantes en los centros y no sea necesario un nuevo instituto. Quizá sea ese el íntimo deseo de esas mentes preclaras y defensoras de la educación pública que habitan la delegación y la consejería.