Toda compra es un compromiso político

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Mirar para otro lado es ser cómplice de aquello que se ve, que se percibe. Cuando de comprar se trata, las autoridades responsable de Consumo, instan a la persona compradora a que lea con detenimiento la información que aparece en el etiquetaje del producto antes de adquirirlo. Desde hace décadas la normativa sobre el etiquetado ha experimentado cambios que pretendían mejorar la información que el consumidor debe poseer antes de la compra. Fecha de producción, consumo, consumo preferente o caducidad, lugar y empresa que lo produce, componentes o ingredientes…

Difícil sigue siendo el acceso al conocimiento a pesar de ello. Quien pretenda seguir estas indicaciones se encontrará con un primer obstáculo que es la localización de esa información. En ocasiones buscar la etiqueta es una tarea ardua, que implica revisar y revisar el objeto, por ejemplo una prenda de vestir. Una solución muy fácil es situarla siempre junto al precio. Luego ya encontrado el etiquetado del producto surge una nueva dificultad para acceder al idioma que la haga comprensible surgiendo el escollo, algunas veces insalvable, de no poder leer unos caracteres tan, tan, tan pequeños, que requieren el uso de Lupa. Después, si se superan estas pruebas, surgen otros obstáculos que ya por más que haya voluntad no será posible evitar, bloqueándose ese proceso al que tanto instan las autoridades de consumo que se realice. Nos referimos a que la información no se aporta, que se omite…

La información transparente sobre el producto o servicio que se pretende adquirir o contratar es esencial, para que cada persona pueda ejercer su particular soberanía. Cada persona que consume puede hacer una pequeña indagación, sobre todo en grandes establecimientos comerciales, analizando unos cuantos artículos similares. Inmediatamente llama la atención como, casi en su totalidad, se producen fuera de nuestras fronteras. Este aspecto es importante, ya que se conoce normalmente la regulación laboral de nuestro país, pero no así la que rige en segundos o terceros países. Si el artículo está fabricado en territorios donde suponemos existe una regulación laboral similar a la nuestra, podemos confiar, y es mucho, en que no se utiliza mano de obra esclava para su producción y que las normas higiénico sanitarias son equiparables a las propias. Pero cuando esto no es así ¿?. Además esta indagación permite identificar los productos elaborados en nuestro entorno, en nuestra tierra, y que cada cual la haga tan grande como desee. Así, aunque sea algo más costoso, que no tiene por qué serlo, pensaremos que los euros que soltamos vuelven a la economía propia, la que tributa a hacienda y ya se sabe, aunque la infanta parecía que no, ¡HACIENDA SOMOS TODOS!

Una compra inteligente ayuda a evitar la esclavitud y al mismo tiempo mejora nuestra maltrecha economía. Porque toda compra es un compromiso político.

Fdo. Rafael Fenoy Rico