¿Populista? ¡A mucha honra!

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A estas alturas del elevado discurso político que acostumbran a realizar toda suerte de cargos políticos, pocas palabras se repiten tanto como la voz
“populismo”. Desde la altísima atalaya del poder político pueden otear todos los asuntos de “estado”, menos, curiosamente, los casos de corrupción, aunque
sean de conocimiento público. Parece como, si cuanta más altura de “miras” se tuviera, en mayor medida se instalara la miopía para atisbar al corrupto que
al lado transita haciendo gala y ostentación de un tren de vida imposible, si a sus rentas legítimas se atuviera.

Pero eso no importa, ¿de donde salen los coches, las vacaciones de lujo, los yates, las fiestas por todo lo alto, los carísimos vestidos y trajes, las
alhajas, los relojes de esferas diamantinas….? Nada importa a tan preclaras mentes: -¡Para que preguntarse por estas banalidades! -Suelen ser personas
honorables, con mentes muy bien amuebladas y sobre todo nada populistas, más bien aristócratas de la inteligencia, de la preparación, del saboir-faire
(sabuar-fer), educadas, limpias, impecables y muy, pero que muy bien habladas.

A quienes desean participar en política y ponen en cuestión el estatus de estos próceres de la patria, amenazándolos con dejarlos fuera del chollo
político, se les tilda de populistas y punto. La palabra populismo, según dice la Real Academia Española de la Lengua (RAE), significa: Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. U. m. en sent. despect. (en sentido despectivo). Y puestos a pensar por un
instante ¿Es malo eso? La misma RAE define el concepto de popular, Del lat. Popul?ris, de 5 formas distintas:

1. adj. Perteneciente o relativo al pueblo. 2. adj. Que es peculiar del pueblo o procede de él. Lírica popular. 3. adj. Perteneciente o relativo a la
parte menos favorecida del pueblo. 4. adj. Que está al alcance de la gente con menos recursos económicos o con menos desarrollo cultural. Precios
populares. 5. adj. Que es estimado o, al menos, conocido por el público en general

. No aparece el sentido despectivo en ninguna de ellas, por lo que difícilmente podría concluirse que sería negativo pretender atraerse a las clases
populares. Bien pudiera entonces situarse este afán descalificador en la palabra “clase”, porque quizás sea la clave de tanto espetar eso de ¡Son
populistas! O ¡no comulgamos con los populismos!

Quienes se encuentran instalados en la clase dirigente llegan a asumir, si no lo tenían desde siempre asumido, que ellos son diferentes, más bien mejores
que los demás y por supuesto nada populares. Porque, como decía en una grabación un político conocido “ El partido de Gil la ganaba en Marbella de calle y todo el mundo sabía que era un delincuente. Al final no tiene importancia”. Ebrios de poder y
orgullo dicen en privado: – ¿Qué sabe el pueblo? ¡Nada de nada! Y además lo engañamos cada vez que se tercia, porque como buen “populacho” además nos votan
con pasión a pesar de los pesares, y que para ellos son muchos. Y es que engañan mostrando la paja en ojo ajeno y pretendiendo ocultar la inmensa viga
avariciosa de madera que los ciega. ¿Populista? ¡a mucha honra!.

Fdo.: Rafael Fenoy Rico