Machismo, barbarie, represión

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La caterva de machirulos hijos sanos del patriarcado, recién llegados a sus cuevas con apariencia de confortable residencia estudiantil, asoma con descaro y sin esconder su siniestra faz, alzando su chirriante voz para vilipendiar a las jóvenes de una residencia cercana.


Como si el tiempo se hubiera detenido en años pretéritos, escuchamos con rabia y estupefacción estos cánticos guerreros esperpénticos y trogloditas, que la escuela y los valores humanísticos no han conseguido acallar. Años de proyectos, de programas escolares para educar en igualdad y respeto, pierden su fuerza asfixiados en tantos frentes: letras de canciones machistas, mensajes en redes; series, películas; la derecha ultramoral y ciega que clama contra una educación afectivo-sexual al tiempo que cierra los ojos a una espantosa educación en violencia y pornografía…


Así se está formando la juventud en nuestra opulenta y decadente sociedad occidental mientras, en el otro lado de la realidad, existen sociedades que creen combatir la corrupción e inmoralidad tapando con velos y privando de derechos básicos e incluso de educación a las mujeres, a las niñas, culpabilizándolas de la maldad del mundo, en una eterna y no por ello menos macabra espiral de odio ancestral hacia la mujer, por el mero hecho de serlo.


Esto en occidente, en oriente, en el norte y en el sur, tiene nombre: MACHISMO, BARBARIE, REPRESIÓN. Y solo hay una manera de combatirlo: insistiendo, con perseverancia valiente, y en unión todas las personas, en la coeducación: desarrollando todas las capacidades tanto de niñas como de niños, a través de la educación, eliminando estereotipos o ideas preconcebidas.


Con amor, respeto, y comprensión.