De lo que aconteció a una que decían Pública

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En uno de nuestros locales hemos hallado un Enxiemplo inédito de El conde Lucanor. A pesar de los más de 600 años transcurridos, guarda curiosos parecidos con la actualidad.

Cuento LII

De lo que aconteció a una que decían Pública

Otra vez hablaba don Juan Manuel con su consejero en esta guisa:

-Consejero, un hombre me dijo una razón y mostrome la manera cómo podía ser. Y bien os digo que tantas maneras de aprovechamiento hay en ella que, si Dios quiere que se haga así como él me dijo, que sería mucho de pro pues tantas cosas son que nascen las unas de las otras que al cabo es muy gran hecho además.

Y contó a su consejero la manera cómo podría ser. Desde que su consejero entendió aquellas razones, respondió a don Juan Manuel de este modo:

-Señor, siempre oí decir que era buen seso atenerse el hombre a las cosas ciertas y no a las vanas esperanzas, pues muchas veces a los que se atienen a las esperanzas, les acontece lo que le pasó a la Pública.

Y don Juan Manuel le preguntó cómo fuera aquello.

-Señor -dijo el consejero-, hubo una que tenía por nombre Pública y pasaba bastantes estrecheces. Un día llevaba una idea en la cabeza. Comenzó a pensar que los gobernantes invertirían en el conocimiento. Que dispondrían para el pueblo recintos espaciosos, ventilados, saludables, con vegetación incluso. Imaginó que aumentaban los enseñantes para atender a estudiantes en grupos más reducidos. Anheló un oficio con menos legajos e informes que rellenar. Suspiró por tener tiempo para el otium. Soñó con poder enseñar deleitando a cada cual según sus necesidades y capacidades. Creyó que los gobernantes, al ver a su juventud cada vez mejor preparada, no destinarían sus dineros a engordar el ejército y los bancos sino al Saber, que no ocupa lugar.

Y con aquel entusiasmo fantaseó con sanitarios en las escuelas, intérpretes, monitores, trabajadores y educadores sociales, mediadores… Ensimismada iba proyectando su gran ventura, cuando topose con el clero, que quería acaparar toda la enseñanza, como durante tanto tiempo había acaescido. Quebrose su fortuna antes siquiera de haber cuajado. Su vana esperanza no se hizo realidad.

Y vos, señor, si queréis mantener los privilegios, la desigualdad y el favor de la Iglesia, procuradle conciertos, diezmos y exenciones fiscales. No aventuréis ni pongáis dinero para la cosa pública.

A don Juan Manuel le agradó lo que su consejero le dijo e hízolo así y hallose bien por ello. Y mandó incluirlo en su boletín oficial e hizo estos versos:

Abandonad a la Pública y buscad un socio:

la Iglesia es ideal para hacer negocio.