CGT comparte el dolor de la comunidad educativa del Instituto Julio Prieto de Ourense

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Lamentamos la muerte de Manuel, alumno de 3º de la ESO, aplastado por un muro del centro. 

Un hecho así jamás debería haber sucedido. La desgracia podría haber sido mayor si se hubiesen encontrado más estudiantes en ese momento junto a la pared del polideportivo, que se desplomó entera.

Por duro que suene, no nos coge por sorpresa. Tarde o temprano tenía que ocurrir algo así. Era solo cuestión de probabilidades. Desprendimientos se producen más de los que salen a la luz. Conocemos casos en muchos sitios. Por suerte, a veces suceden durante el fin de semana, por la tarde o se cae el techo de un aula en el recreo. Las administraciones locales o autonómicas no se hacen cargo como es debido del mantenimiento y arreglo de los edificios escolares. La Inspección de Trabajo tampoco se da ninguna prisa cuando se presentan denuncias (si es que milagrosamente acude, cosa harto improbable). ¿A qué van a esperar para arreglar tantos centros que se encuentran en unas condiciones peligrosas? Es hora de actuar. No vale mirar para otro lado primero, dar el pésame después y que luego cargue con la responsabilidad el director o la directora de turno. 

La seguridad en las instalaciones educativas no es tal en muchos casos, como demuestran algunos ejemplos de incidentes en años recientes: el colegio Puerta del Mar y la Escuela de Arte de Algeciras (esta última, ya arreglada), el CEIP Ana Josefa Mateos de El Cuervo o el IES Tartessos de Camas, donde hubo jornadas de protesta y huelga incluidas.

Lo que ha ocurrido hoy en este instituto de Ourense no tendría que haber pasado jamás. Desde CGT queremos acompañar en estos momentos de conmoción a su comunidad educativa. Si sucede algo así, no es un accidente. Esto se llama de otra manera. Y es delito.